YO TAMBIÉN SOY AFECTADO POR UN FRAUDE BANCARIO (parte 1)

YO TAMBIÉN SOY AFECTADO POR UN FRAUDE BANCARIO (parte 1)

 

Hola, me llamo Miguel Angel Contreras y soy afectado por un fraude bancario.  Llevo 400 días viviendo mi nueva vida.

Seguro que a todos os suena esta entrada a esas escenas que habréis visto en algunas películas en las que hacen terapia de grupo intentando salir del alcoholismo o de las drogas ¿verdad?.

Pues sí, es cierto, hace diez años fui objeto de una de las estafas más perversas de las que se puede ser objeto en esta vida y conseguí salir de ella.

Ser objeto de una estafa de este tipo te cambia la vida por completo porque dejas de tener la capacidad de ser feliz, de vivir en paz. Vives continuamente obsesionado, dejas de dormir, no se lo cuentas a nadie por miedo a ser juzgado, te sientes continuamente culpable, sientes un miedo atroz y entiendes que tu futuro y tu vida se han esfumado, has perdido totalmente el control. Y llega un momento en que consideras que tu vida es así, renuncias a todo, a tus sueños, a tus esperanzas, a tu futuro y consideras que no hay salida alguna para ti.

Esta es una historia con final feliz, una historia real que me ha cambiado y me ha permitido evolucionar como persona de una forma que nunca se habría dado si todo esto no hubiera ocurrido. Hay un antes y un después en mi vida. Es una historia de superación personal gracias a la cual he evolucionado a un nivel que cuesta creer, si no fuera porque la realidad está ahí para mostrarlo. En ocasiones la vida nos pone a prueba y consigue sacar lo mejor que llevamos dentro sin tan siquiera saber que todo eso existe. Lo más importante de mi historia no es mi propia superación personal sino la convicción de que todos y cada uno de nosotros llevamos dentro esa misma capacidad.

Esta también puede ser tu propia historia, con el mismo final feliz y te puedo ayudar a ello compartiendo contigo todo lo que he aprendido.  Para ello he puesto en marcha mis cursos con la única ambición de ayudar a otras personas a llegar donde he llegado.

Hace ya diez años firme una hipoteca para pagar la vivienda de mi familia, con mi mayor ilusión, con todas mis esperanzas, con toda la confianza que da el sentir en tu interior que no hay peligro alguno en algo tan básico como firmar una hipoteca. Siendo una persona honrada y honesta, trabajador incansable, amigo siempre de pagar mis deudas, un hombre de honor. Con formación académica, medianamente inteligente, sensible, sincero, cabal, ahorrador, alegre, esperanzado.

Pero todo esto se truncó de un plumazo, y ocurrió de repente, sin esperarlo, sin aún ser consciente de ello, el día en el que un empleado de banca me ofreció una hipoteca multidivisa. Bastó una reunión de 30 minutos para que el mayor desastre de la vida de mi familia comenzara, sin tan siquiera saberlo.

La maquinaria, perfectamente estudiada del banco se había puesto en marcha. En los tiempos en los que el Euribor estaba al 7% te ofrecen una hipoteca al 1%, “te vas a ahorrar más de 300 euros en cada letra con el único riesgo de que si tu divisa sube pagas un poco más de letra pero te cambias a otra divisa y ya está resuelto el problema, yo os avisaré. Sin mayor riesgo, en un producto que el banco lleva comercializando ya muchos años y ojo, reservado para clientes especiales como tú, porque tú eres especial y tienes ese perfil que el banco quiere como cliente fiel, por ser tú”.

Y firmamos, y lo hicimos delante de un notario que dio fe de algo que ni tan siquiera él entendía, y nos leyó a toda prisa partes de un texto ininteligible de 60 páginas del cual lo único que comprendimos fueron nuestros nombres y la dirección de la vivienda. Delante de un empleado del banco que sonreía diciendo “qué bien, ya tenéis vuestra casa, aquí estoy yo para lo que haga falta”. Y confiamos en ellos, como toda la vida se había hecho, como lo hicieron nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros amigos.

Confiamos en el notario, el señor notario, y en el banco, el señor del banco, cómo toda la vida se ha hecho. El señor notario y el señor del banco. Pero no, los tiempos han cambiado, ya no son los de toda la vida y el banco ha analizado las cosas y ha entendido que existe una forma enrevesada y perversa para ganar dinero al margen de la ley y con el beneplácito de toda la sociedad. Tan enrevesada y perversa que está vestida de una apariencia seudo legal de tal magnitud que cuesta un enorme esfuerzo comprenderla. Pero su verdadera perversión no se encuentra en esa vestimenta seudo legal sino en cómo altera emocionalmente a las personas y esta es su verdadera importancia. Aún resuena cada día en mis oídos el apelativo de que soy un listillo.

Firmamos, y en cuestión de pocos meses las cosas se empezaron a torcer, la letra empezó a subir y a subir, 100 euros de más en la letra del primer mes, doscientos el segundo, cuatrocientos el tercero…

Hablamos con el banco para resolver esta subida recordando esas palabras “aquí estoy yo para lo que haga falta” “te cambias a otra divisa y ya está resuelto el problema, yo os avisaré “ y aquí aquella conversación:

  • Efectivamente podéis cambiar de divisa.
  • Adelante, dijimos nosotros.

Y sorpresa:

  • Cambiar de divisa no supone que os vaya a bajar la letra sino que existe la posibilidad de que pueda bajar y, además si cambias de divisa lo que le debes al banco sube.
  • ¿Cómo?, ¿Qué sube qué?, imposible, eso no nos lo habíais comentado en ningún momento. Respondimos atónitos.
  • Leeros la escritura, lo dice bien claro.
  • Mira, no nos hemos leído la escritura, nosotros no entendemos de esas cosas pero desde luego esto no nos lo habías comentado nunca, si hubieras dicho estas cosas no habríamos firmado esta hipoteca jamás.
  • Ya, pero lo habéis firmado, está en la escritura.
  • Pero entonces nos estás diciendo que estamos jugando en bolsa con la casa de nuestra familia.
  • Hombre no es para tanto

La sensación al terminar aquella conversación fue la de estar viviendo un sueño en el que nada era real. Este individuo se estaba riendo de nosotros y lo que decía no tenía ningún sentido, no podía ser lo que nos había dicho.

Volví casa, saqué la escritura del cajón y empezamos a leerla. Estaba llena de cláusulas y la mayor parte de los párrafos eran absolutamente ininteligibles. Tras leer varias veces con detenimiento, cada una de esas cláusulas, no conseguimos entender absolutamente nada de lo que decían. Si no fuera porque la situación no era ninguna broma nos habríamos partido de risa recordando aquello del genial Groucho Marx  “la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte,  la parte contratante de la segunda parte será considerada como la parte contratante de la segunda parte”.

Supuse que las cosas estaban así escritas, en ese documento oficial y público, por algún motivo y nos pareció normal entender, que nuestra formación no nos permitía comprender lo indicado en la escritura de una hipoteca. Yo soy ingeniero y estoy acostumbrado a leer y comprender cosas incomprensibles pero esto iba mucho más allá de mi capacidad. En aquel momento me pareció, ya digo, normal que así fuera. Hoy en día, y como adelanto, diré que tanto el Tribunal Supremo como el Tribunal de Justicia de la Unión Europea han dictaminado que una escritura debe ser de fácil lectura y comprensión para cualquier persona con una formación básica y que, de lo contrario adolece de falta de transparencia y por lo tanto puede ser declarada nula. Pero ya digo, eran otros tiempos y faltaba aún mucho para llegar a esto último.

Tras la lectura infructuosa de la escritura decidí buscar información al respecto por internet, pero no había absolutamente nada salvo un pequeño foro en el que unos pocos, ocho o diez personas que habían contratado esta hipoteca se dedicaban a vigilar permanentemente la evolución de las divisas y a pensar en cuándo y cómo cambiarían de divisa. Algo es algo me dije y empecé a leer con avidez todo lo que allí se había escrito obteniendo varias conclusiones:

1º.- Todos parecían pagar mucho más de lo que les habían dicho que pagarían

2º.- Todos lo veían como algo normal.

3º.- Todos vigilaban las divisas haciendo cábalas del mejor momento para cambiar su hipoteca de divisa.

4º.- Hablaban de deuda virtual, un concepto que me costó varios meses entender.

Tras varios días en los que leer y comprender lo que estaban hablando estas personas se convirtió en mi única obsesión Se me ocurrió hacer una pregunta en aquel foro al respecto de la conversación que había mantenido con el banco. La respuesta fue demoledora: es exactamente como te lo ha dicho y no se puede hacer nada porque lo has firmado en una escritura.

La sensación que tuve en ese momento fue, con seguridad, la más aterradora que he tenido jamás. Me resulta complicado expresarlo con palabras porque no creo que existan conceptos lingüísticos que permitan describir ciertas emociones. De repente mi vida se vino abajo, ¿cómo puede ser que me esté pasando esto a mí?, si yo soy de ley, si cumplo mis obligaciones, si soy una persona respetable. A otros les podría ocurrir pero a mí no, no puede ser, no tiene sentido. Esto se solucionará solo, ya verás, es imposible, no puede ser ¿cómo va a ser esto así?

Muchos sicólogos dicen que existen cinco fases cuando nos enfrentamos a una tragedia: negación, enfado, negociación, depresión y aceptación.

Sin saberlo acababa de entrar en la fase de negación del problema.

¿Te sientes identificado/a? Continuaremos.

 

 

 

Artículo escrito por Miguel Ángel Contreras

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