YO TAMBIÉN SOY AFECTADO POR UN FRAUDE BANCARIO (parte 2)

YO TAMBIÉN SOY AFECTADO POR UN FRAUDE BANCARIO (parte 2)

Hola, me llamo Miguel Angel Contreras y soy afectado por un fraude bancario.  Llevo 410 días viviendo en paz.

Nos encontrábamos, aproximadamente, en diciembre de 2008, pagaba cada mes 400 euros más de lo que debería pagar y mi deuda “virtual” se había incrementado en unos 70.000 euros, es decir, le debía al banco 70.000 euros más de lo que me había prestado un año antes pero eran virtuales. Hoy entiendo el término “virtual” pero en aquellos tiempos era un concepto etéreo que me confundió durante algunos años. He conseguido comprender que ese concepto fue inventado por el banco, en su infinita perversión, para impedir que comprendiéramos su verdadero significado y mantenernos cautivos. Virtual significa real, es decir le debes al banco más dinero del que te prestó así de simple. (Pues bien, a pesar de aceptar el concepto sigo sin entenderlo porque, para mí, una hipoteca es un préstamo de dinero y cada mes devuelvo una parte de ese dinero por lo cual cada mes le deberé menos al banco ¿verdad?)

Sin darnos cuenta nos habíamos convertido en la versión moderna de la esclavitud por deudas, como en la Edad Antigua. Esta hipoteca afloró algo que nunca habíamos conocido mi familia y yo; el miedo, un miedo con mayúsculas que nos mantenía atrapados, maniatados, inmóviles y sufriendo……en silencio.

El miedo actúa de diversas formas y ahora nos habla paralizado. Me sorprendía continuamente imaginando como el banco se quedaba con nuestra casa, como teníamos que salir de nuestra vivienda en medio de la absoluta vergüenza delante de los vecinos. Me preguntaba cómo le podía explicar esta situación a mi mujer, a mis hijas, a mis padres, a mis amigos.

Simplemente estaba atrapado; una hipoteca sustraía más dinero del que ganaba, sustraía a mi familia todo lo que necesitaba ropa, zapatos, comprando libros usados, apagando la luz y pasando frío para no gastar.  La sustracción de todos los recursos básicos sin violencia, sin gritos, sin amenazas…”legalmente” en silencio.

LA CULPA

Culpé al banco, me sentí engañado, pero en el fondo, la sensación era de culpabilidad personal. Culpable por no haber intuido que esto era una estafa, por haber confiado en el señor del banco, por no haber leído y comprendido la escritura, por quitarle a mi familia lo que necesitaba. Culpable de haber fracasado. Todo este sentimiento de culpa se fue incrementando cuando empecé a leer que se nos tachaba de “listillos” y se nos deseaba el peor de los males por haber querido pagar menos letra que el resto de los mortales.  Ante estos comentarios yo siempre pensaba que no era un delito intentar comprar el pan, o la carne, o la leche más baratos y, razonaba que eso no les daba derecho a los fabricantes a envenenarme. Pero los comentarios de la gente iban por otro lado, el de la envidia y la mala fé y, al parecer y según ellos, sí que existía ese derecho de que un banco te diera una hipoteca envenenada, por listillo.

Mi mente se negaba a admitir que todo aquello fuera cierto: esto no me puede estar pasando a mí, me decía a mí mismo. Todo esto es un sueño que tiene solución, el día menos pensado me despertaré, el yen estará a 200, y todo habrá sido una mala pesadilla. Todo ha ocurrido por no haber estado preparado, y soy culpable, pero YO lo voy a resolver, YO voy a estudiar las divisas y YO lo resolveré.

SOLUCIONES, SALIR CORRIENDO

Y comenzó una tremenda segunda etapa de todo este proceso: la de intentar entender las divisas.

Empiezas por intentar comprender los gráficos de bolsa, algunos afectados hicieron en su día verdaderos manuales al respecto hablando de entradas y salidas, figuras de análisis técnico, momentos para entrar, estrategias y yo que sé que más cosas incomprensibles. En otro foro oyes la importancia de los seguros de cambio y te obsesionas por tener uno porque piensas que es la panacea a todos tus problemas y, tras pelear largo tiempo con el banco, lo consigues para entender después que no sabes qué hacer con ese instrumento.

Comienzas a mirar la cotización del yen y observas que sube y baja. Al principio lo miras una par de veces al día pero con el tiempo lo pones en la pantalla del ordenador y también en el móvil y lo miras cada hora, cada cuarto de hora, cada minuto, cada segundo. Y se convierte en algo obsesivo en tu vida, continuamente lo miras y tu mente te dice que este mes pagarás aún más que el mes pasado y tú lo sigues mirando y entras en foros y lees que algunos afectados se cambian de divisa diciendo que esto se hundirá, otros que hay que aguantar que esto subirá seguro, otros que hay que seguir esta estrategia, otros que… Y no entiendes nada, sigues mirando la cotización cada minuto, cada segundo, de forma compulsiva y sin entender nada. Te hablan de velas y la única que ves es la que ilumina el salón de tu casa porque no pudiste pagar el recibo de ese mes.

Y un día te cambias de divisa, porque alguien lo ha dicho, porque tienes esperanza de que todo mejore, porque tienes un presentimiento y la necesidad de que todo vaya a mejor, pero sin saber lo que estás haciendo. Y resulta que todo va peor pero con una diferencia; ahora ya no miras solo el yen, ahora también miras el franco suizo, compulsivamente, cada minuto, cada segundo. Pero nada mejora, al contrario, pagas más letra y tu deuda aumenta. El guion del banco se cumple página tras página pero tú aún no lo sabes.

Todo este proceso dura años y hay afectados que, hoy en día, aún siguen así durante ocho, diez, doce años de su vida. Obsesionados, culpándose y negando que las cosas sean así. Esta es la verdadera perversión de este fraude y es que nunca señalas al banco como responsable. Un producto legalmente vestido, vendido con mentiras, sin informar sobre sus riesgos y en el que el banco tenía muy claro de antemano lo que iba a ocurrir tanto a nivel de evolución de las divisas como a nivel de la capacidad de reacción de los afectados. Una hipoteca en la que el afectado se siente atrapado emocionalmente en una fase de negación continua y de culpabilidad legitimando moralmente a la banca. Esta es la perversión que subyace en el fondo de todo este galimatías y lo inventaron los bancos, no TÚ.

Conseguí entender que yo no podía luchar contra el sistema financiero mundial. Ni estaba preparado ni debía estarlo, no tenía ningún sentido que en una hipoteca ocurriera esto.

Hiciera lo que hiciera estaba condenado al fracaso porque el problema no residía en mi incapacidad ni en mi culpabilidad sino en un producto que no podía ser manejado ni por el mejor analista del mercado, no teníamos conocimientos, ni flexibilidad de operación ni las herramientas para la toma de decisiones. Era la trampa perfecta.

Esta etapa de negación del problema duró exactamente cuatro años, los peores cuatro años de mi vida en los cuales dejé de dormir, adelgacé diez kilos, tuve varias enfermedades graves (muchas secuelas siguen ahí), perdí mi trabajo y dejé de interesarme por cualquier tema en mi vida. El continuo sentimiento de culpa hizo que aparcara a un lado a mis seres queridos y me sumí en la depresión. Una depresión tan profunda que te lleva a pensar, en muchas ocasiones, la forma de quitarte de en medio y te lleva a contratar dos seguros de vida para dejar a tu familia en una mejor situación.

Pero durante ese tiempo de espera, frustración y culpabilidad algo en mi interior seguía buscando una solución y, de repente un alma brilló, Carola apareció de la nada y mi vació se transformó en un espíritu de lucha y de odio. Estaba realmente ENFADADO por todo lo que me habían hecho. Comenzaba la segunda FASE…..

Continuará …

 

 

Artículo escrito por Miguel Ángel Contreras

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